Carta abierta de la Sociedad Chilena de Educación Científica

Mejorar la enseñanza de las ciencias en Chile: una tarea posible

En este momento en que el debate por la reforma educacional es un tema prioritario para nuestro país, pensamos que es nuestro deber como organización naciente, dar nuestra opinión sobre cuáles son los nudos críticos que deberían abordarse en el corto y mediano plazo en una agenda país para el mejoramiento de la educación científica en Chile.

En primer lugar deberíamos ponernos de acuerdo sobre qué enseñar y para que enseñar, ya que durante los últimos ocho años se han realizado una serie de modificaciones y modificaciones a las modificaciones en nuestro currículo de ciencia, que han terminado con un verdadero caos en términos de qué debemos enseñar y con qué fin. Sin ir más lejos, las últimas bases curriculares de ciencia, publicadas en diciembre de 2013, y realizadas para los niveles de séptimo a segundo medio, declaran explícitamente que el énfasis de este documento rector es la alfabetización científica de los estudiantes, entendida como la capacidad de los ciudadanos de tomar decisiones informadas acerca de temas personales y sociales que tienen una base científica. Sin embargo, esta declaración no se condice con los objetivos de aprendizaje propuestos en el mismo documento, los cuales en su mayoría, están centrados netamente en conceptos y contenidos científicos, con la salvedad de que se incluye un verbo procedimental al comienzo de cada uno, generando objetivos tan extraños como: “Los estudiantes serán capaces de crear modelos que expliquen la regulación de la glicemia por medio del control de las hormonas pancreáticas”. La bibliografía sobre el qué enseñar en ciencia, para conseguir alfabetización científica, promueve el abordaje de contextos reales, que tengan vínculo con el entorno inmediato del estudiante. En base al mismo ejemplo, ¿no sería más significativo discutir temas sociales asociados a la diabetes?

Al mismo tiempo, este énfasis declarado en la alfabetización científica requiere de profesores de ciencia capaces de enseñar bajo un enfoque más integrado, en que el contenido científico está al servicio de las habilidades reflexivas del estudiante y no al revés ¿En qué medida nuestros instrumentos curriculares vigentes se hacen cargo de tales necesidades?  nosotros creemos que esprioritario que el ministerio realice, en el plazo más breve posible, una reevaluación de los instrumentos existentes (Bases, programas, libros de texto, currículo en línea, etc.) para determinar si efectivamente están hechos para propiciar la alfabetización científica de nuestros estudiantes. Para alfabetizar científicamente a los estudiantes, primero es necesario alfabetizar científicamente a los profesores que asumen este desafío. Los medios para conseguirlo están bien descritos en la investigación internacional sobre enseñanza de las ciencias.

En segundo lugar, y en esta misma línea, deberíamos ponernos de acuerdo en el Cómo enseñar, lo cual implica definir el tipo de profesor que queremos y como lo formamos. Si bien en este tema se han dado algunos pasos (por ejemplo en la generación de los estándares de formación, la implementación del sistema de evaluación docente, o la creación de la beca vocación de profesor), no es menos cierto que la mayoría de las acciones y medidas realizadas se han enfocado en el evaluar o calificar a los profesores, más que en discutir de fondo cuales son las competencias que deben tener y cuál es la mejor forma de desarrollarlas. Por ejemplo, la beca vocación de profesor, al parecer no ha tenido el impacto deseado ya que el interés por ingresar a estudiar pedagogía no necesariamente viene incluido al tener un capital intelectual suficiente (sobre 600 puntos PSU). Nosotros creemos que para mejorar la formación de profesores, en primer lugar se debe mejorar la calidad de aquellos académicos que los forman. En este sentido, en el corto plazo se debería dar más énfasis en la formación en el exterior de doctores en educación científica, así como más apoyo a la formación de postgrados en educación científica (a nivel de master y doctorado). Esto debería estar asociado a un mayor desarrollo de oportunidades de perfeccionamiento y formación continua para los profesores de ciencia del sistema, así como incentivos para aquellos profesores que colaboran con la formación de profesores recibiendo a estudiantes de pedagogía en ciencias en los distintos establecimientos.

Finalmente, una definición del cómo queremos que se enseñe ciencia también debería repercutir en las condiciones en las cuales el profesor de ciencia realiza su práctica, ya que toda innovación realizada teniendo en mente la alfabetización científica y teniendo al estudiante como centro del aprendizaje, requiere de una mayor cantidad de horas de preparación, mayor interacción entre colegas y en definitiva un trabajo más estrecho entre directivos y profesores. Esto implicaría ir caminando hacia el establecimiento de una menor cantidad de horas frente a curso en relación a las horas por las cuales los profesores de ciencia son contratados. Finalmente, creemos que en el futuro inmediato se debería promover el desarrollo de la investigación en educación científica tanto desde el ministerio como al interior de las universidades. Como cualquier otra rama del conocimiento, el cómo enseñar y aprender ciencia es un área de investigación que debe y puede generar datos y evidencias que sirvan para la toma de decisiones en el ámbito de las políticas públicas. Muy asociado a este tema, está la idea de que el MINEDUC debería evaluar y retroalimentar sus políticas a través de investigaciones específicas en el ámbito de la enseñanza de las ciencias. Nosotros creemos que no se puede seguir pensando que la enseñanza es igual en todas las disciplinas. La evidencia internacional es contundente en que la ciencia se aprende de forma particular, y por lo tanto existen estrategias específicas para su enseñanza. El currículum de ciencias que favorezca la alfabetización de nuestros niños y jóvenes, debe aspirar a algo más que una consulta pública. Debe establecer el qué, pero también debe aportar el respaldo necesario para el cómo.

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