Algunas reflexiones acerca de la enseñanza de las ciencias y tiempos de pandemia

Primero agradecer a la Sociedad Chilena de Educación Científica (SChEC) por la oportunidad de compartir ideas y experiencias acerca de la enseñanza de las ciencias que en el curso del tiempo hemos ido construyendo con profesores en servicio y formación inicial en estos años. Cada instancia que visibilizamos y compartimos, ha sido una invitación auténtica de crecimiento y desarrollo personal y profesional.

En el último reporte de la SChEC, las reflexiones se centraron en los ejes y demandas de “Ciencia y Ciudadanía” para la educación secundaria, con reflexiones impulsadas por la entrada en vigencia de la propuesta ministerial, las que son, sin duda, una reflexión necesaria, coherente y ajustada a los tiempos que vivimos como país, en el sentido más amplio de la expresión. Dicho reporte significó, en ese momento, pensar lo siguiente: Pretender una sociedad más justa, igual e inclusiva es un llamado a atender lo que hacemos y cómo lo hacemos en nuestros contextos profesionales y, asimismo, una oportunidad para valorar las experiencias individuales y colectivas generadoras de conocimiento personal y profesional que dan curso a las acciones de enseñanza y a las decisiones que en ella suceden. En este contexto, es hora de reconocer con fuerza; que la enseñanza de las ciencias no sólo busca la alfabetización científica para mejorar la calidad de vida de las personas, sino también, ofrecer oportunidades de entendimiento sociopolíticos para que todos y todas, sin distinción, tengan acceso a ella.

En ese marco, comparto algunas reflexiones acerca de la enseñanza de las ciencias y tiempos de pandemia:

La enseñanza de las ciencias y sus aprendizajes se han visto tensionado por la actual situación sanitaria que vive el mundo en general, y nuestro país en particular. De un momento a otro, profesores y estudiantes hemos tenido que enfrentar nuevas demandas y desafíos para otro tipo de decisiones (no las habituales o comunes de nuestra actividad), que en el tiempo se han transformado, para algunos, en oportunidades de aprendizaje, y para otros, en oportunidades para desclasificar una serie de problemas.

Muchas personas, en especial las familias, han podido aproximarse intencionadamente, a la tarea del profesorado; enseñando formalmente a sus hijos e hijas. Dicha implicación podría, a mi juicio, constituir una vía para demostrar, nuevamente, que ser un profesor o una profesora, exige saber enseñar para aprender y, por lo tanto, lo que hemos o estamos viviendo, en distinta escala y con distintos roles, sería una evidencia más para decir que la actividad docente, es una actividad profesional, compleja y contextualmente imbricada con las formas de aprender de las personas; no es una cuestión de gusto, sino de rigor y profesionalidad (Porlán, 2020).

Hoy la discusión radica en que no podemos seguir haciendo lo que hacíamos. Pero ¿qué es lo que hacíamos? Habitualmente, enseñar ciencia para una evaluación social mediada por un modelo de transmisión que nos ha dominado. En esta nueva etapa, profesores y estudiantes, hemos consensuado un contrato didáctico para un escenario distinto, virtual, que ha derivado en el reconocimiento de nuevos formatos y de nuevas formas de comunicar y comunicarnos. En ese contexto al menos, tenemos la obligación de tensionar lo que hacíamos o derechamente, dejar de hacer lo que hacemos. Consciente de ello, los modelos de enseñanza y aprendizaje, independiente de las condiciones del entorno, deben responder a las expectativas de las personas, así como a sus propósitos formativos. Por eso rescato tres ejes para la enseñanza de las ciencias, que no pretenden por cierto cerrar la discusión, muy por el contrario, sino enriquecer o relevar su importancia, en este reporte, por el sentido que puede tener hoy y siempre para la enseñanza. Estos son: 1) Para qué enseñamos ciencias, 2) qué de esa ciencia deseamos transmitir y, 3) cómo hacemos para que otros (y nosotros mismos) aprendan(mos).

Figura 1. Consideraciones para la enseñanza de las Ciencias. Elaboración propia

Quizás muchos vean en estos ejes, algo trivial, algo dicho en reiteradas ocasiones, algo repetitivo quizás. Empero, el trasfondo está en relevar que la enseñanza de las ciencias, independiente que ocurra o no en un formato presencial, está obligada a movilizarse con rigor y profesionalidad, reconociendo y poniendo en uso (es lo esperado) el conocimiento profesional docente y el conocimiento científico acerca de la enseñanza y aprendizaje, hacia modelos de enseñanza renovados que den cuenta de un profundo cambio de mentalidad en el profesorado (Porlán, 2020). En tiempos de pandemia, hemos aprendido que las relaciones humanas directas y presenciales son irremplazables, pero a la vez, hemos aprendido que debemos ser capaces de “saltar”, para algunos abruptamente, de experto rutinario a experto adaptativo (Vaillant y Marcelo, 2015). En ese brinco, no olvidemos que la clave está en hacer que la actividad se transforme en participación y para eso, el foco debe ser el estudiante y sus concepciones, creencias, formas de pensar y de comunicar y comunicarse. Por eso reitero la invitación a seguir discutiendo y valorar todas las iniciativas que la Sociedad Chilena de Educación Científica ha organizado para ello.

BIBLOGRAFÍA

Porlán, R. (2020). El cambio de la enseñanza y el aprendizaje en tiempos de pandemia. Revista de Educación Ambiental y Sostenibilidad, 2(1), 1502.

Vaillant, D. y Marcelo, C. (2015). El ABC y D de la formación docente. Madrid, España: Narcea.

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